ERNESTO GRILLO

Para graficar con exactitud su estatura de ídolo puede decirse
que en 1957, cuando Independiente decidió transferirlo al Milan de Italia, el
pueblo independentista lloró. Porque Ernesto Grillo encarnó como pocos al
crack soñado, al heroe que juega en el equipo de uno, al muchachito de la película.
Gambeteador imparable, delantero valiente, ganador, genuino reperesentante del fútbol
de potrero, fuerte, de inusitada potencia de piernas. Fue debutar en Primera y
convertirse en ídolo porque poseía el carisma de los elegidos. Nació en
Buenos Aires el 1 de octubre de 1929 y comenzó en la cuarta división de
Independiente en 1947. Hizo su estreno en Primera División el 24 de abril de
1949 y sumó 192 encuentros oficiales y 90 goles hasta mediados de 1957, cuando
marchó al futbol italiano.
En derredor suyo se armó la sensacional delantera que acaparó todos los
elogios en la década de los '50, y que formó con Rodolfo Micheli, Carlos
Cecconato, Carlos Lacasia o Ricardo Bonelli, Ernesto Grillo y Osvaldo Cruz.
Deleitaron a propios y extraños, ofrecieron verdaderos festivales futbolísticos
y aunque no tuvieron la fortuna de consagrarse campeones, hicieron mucho por la
popularidad de Independiente. De todos ellos, Grillo era la gran estrella. Esa
delantera marcó un hito: por primera vez en la Selección Argentina el ataque
estuvo íntegramente compuesto por los cinco hombres de un mismo club. El 14 de
mayo de 1953 Argentina vence a Inglaterra en campo de River Plate con dos de los
goles hechos por Grillo. Esa tarde inolvidable, que quedaría en la historia
como "la del gol de Grillo a los ingleses" por la excepcional
conquista del numero 10, los cinco Diablos Rojos enloquecieron a los 100.000
aficionados que colmaron el estadio y llenaron de orgullo los corazones
independientistas. Lo mismo que en diciembre de ese mismo año, cuando
Independiente salió de gira por Europa y en España vencio por 6 a 0 al célebre
Real Madrid de Alfredo Di Stéfano.
Si la palabra espectacular hubiese sido creada especialmente para un futbolista,
ese jugador habría sido Ernesto Grillo, ídolo de proporciones gigantescas,
inmortal en el sentimiento del hincha.